Investigador del ICB se capacita en técnicas no invasivas para estudiar fisiología del estrés en las ballenas

Investigador del ICB se capacita en técnicas no invasivas para estudiar fisiología del estrés en las ballenas 1440 777 ICB

El pasado mes de agosto, el investigador del ICB, Alejandro Fernández Ajo viajó a Oregon  para capacitarse en técnicas de estudio no invasivas que son aplicadas al estudio de la fisiología y salud de ballenas grises que se alimentan en la costa de ese estado. Estas técnicas son de suma importancia para el proyecto que el biólogo se encuentra realizando como parte de su doctorado en la Universidad del Norte de Arizona, que busca comprender la relación entre la intensidad de los ataques de gaviotas cocineras a las crías de ballenas francas de Península Valdés y sus efectos sobre la supervivencia y niveles de estrés fisiológico de los ballenatos.

El Biólogo Alejandro Fernández Ajo fue premiado con un fondo de la Research Coordination Network (RCN) que le permitió realizar un intercambio con el laboratorio de Ecología Geoespacial de Megafauna Marina (GEMM Lab) de la Universidad del Estado de Oregon en el Hatfield Marine Science Center (HMSC). El propósito del intercambio fue aprender sobre técnicas de estudio no invasivas aplicadas a la investigación sobre fisiología y salud de ballenas durante el trabajo de campo de los proyectos que lidera la investigadora Dra. Leigh Torres en el GEEM Lab. En particular Alejandro se sumó al Proyecto “Evaluación de la variación en hormonas y condición corporal de ballenas grises, Eschrichtius robustus, en respuesta a condiciones de ruido ambiental variable”. Este es un Proyecto multifacético que integra diferentes métodos de investigación para evaluar cambios en las hormonas y salud de las ballenas grises que se alimentan sobre la costa de Oregon.

Alejandro Fernández Ajó viajó a Oregon para aprender sobre técnicas de estudio no invasivas aplicadas a la investigación sobre la fisiología y salud de ballenas grises. En la foto se encuentra junto a la Dra. Leigh Torres, y Tod Chandler en Winchester Bay, costa del Pacifico Norte.

Impacto del Ruido Oceánico sobre la Salud de las Ballenas

La Dra. Torres y su estudiante de doctorado, la bióloga Leila Lemos se encuentran desarrollando un proyecto de investigación sobre el impacto del “ruido” ambiental en la salud de las ballenas grises en la costa de Oregon, USA.

Los mamíferos marinos viven en un mundo acústico, donde el sonido juega un papel fundamental para su supervivencia. El sonido interviene en numerosos aspectos de la biología de los cetáceos, desde la mediación en la atracción y selección de parejas, la búsqueda de presas y la percepción de su entorno. El uso de los océanos ya sea para la navegación, exploración y explotación de gas y petróleo, las actividades militares y la navegación turística o de recreación, aumenta la cantidad “ruido” en el océano que puede afectar a los mamíferos marinos de diferentes maneras. Sin embargo, y a pesar de su relevancia, poco se conoce sobre la respuesta de estrés fisiológico de los cetáceos y mamíferos marinos en general frene a la contaminación acústica de origen humano.

Actualmente gracias a nuevos métodos no letales y no invasivos, es posible tomar muestras que permiten detectar niveles de hormonas que pueden darnos la respuestas acerca si existe estress fisiológico ocasionado por el ruido oceánico.

Estudiando el estrés fisiológico de las ballenas frente al ruido oceánico

Las ballenas grises que se encuentran en las costas del Estado de Oregon pertenecen al “Pacific Coast Feeding Group” (grupo de alimentación de la costa del Pacífico). En esta zona las ballenas se encuentran expuestas a condiciones de ruido ambiental variable (por ejemplo: tormentas, tráfico de embarcaciones, y recientemente los sonidos derivados de la exploración sísmica para extracción de gas y petróleo).

Mediante la combinación de diferentes métodos de estudio, los investigadores pueden vincular el estrés fisiológico de las ballenas con diferentes condiciones de ruido ambiental:

  • Hidrófonos para monitorear y caracterizar el ambiente acústico
  • Muestras fecales para el análisis de hormonas del estrés
  • Drones para documentar comportamientos y condición física de las ballenas como también el empleo de cámaras sumergibles (GoPro)
  • Recolección de muestras de zooplancton para describir la disponibilidad de presas para las ballenas.

La temporada de estudio de campo para este proyecto, se extiende cada año entre los meses de mayo a octubre. El trabajo de campo se realiza con un pequeño bote semirrígido, “el Rubí”, desde donde se obtienen las fotos para identificación y fotogrametría, como también la recolección de muestras fecales y de zooplancton.

Alejandro comparte su experiencia: “Tuvimos mucha suerte con el clima, las condiciones del viento fueron óptimas y las ballenas estuvieron cerca en la mayoría de los días que salimos al mar. La única limitación era la visibilidad, había una densa niebla casi todas las mañanas, pero ocasionalmente aclaraba y podíamos salir a navegar. Una vez en el mar, todos los ojos están alertas para detectar un soplido de ballena. ¡¡Hasta que alguien grita, “there she blows”!! (ahí sopló!) – Luego, a cada miembro a bordo se le asigna una tarea: tomar fotografías para la foto identificación, operar el dron, configurar la tabla de calibración (una tabla de una longitud conocida que permita calcular el tamaño exacto de cada píxel en varias altitudes de vuelo del drone y finalmente medir con precisión las longitudes de las ballenas). Y por supuesto, pilotear el barco.
Una de las muestras más importantes y quizás difíciles de obtener son las muestras de materia fecal. Cuando una ballena gris defeca, los investigadores tienen unos pocos segundos para aproximarse y recolectar la mayor cantidad de muestras antes que se hunda y pierda en el mar. El uso del drones permite detectar las muestras rápidamente. También es fundamental tomar imágenes tanto con el drone como desde el bote para poder identificar al individuo al cual pertenece cada muestra y así relacionar los niveles de hormonas con la condición física de las ballenas. En las muestras fecales existe información, sobre la genética, dieta, microbioma, hormonas y muchos otros parámetros que permiten inferir sobre la salud y condición fisiológica de los animales.”

Identificando Ballenas Grises

La identificación de las ballenas grises a diferencia de las ballenas jorobadas que se identifican por la  forma y el patrón de color único de su aleta caudal o en el caso de las ballenas francas en que se utilizan el patrón de callosidades presente en su cabeza; es un poco más compleja.  En cada avistamiento, se toman fotografías de los flancos izquierdo y derecho, el primer nudillo y la aleta caudal siempre que sea posible. Con toda esa información, se logra identificar a  las ballenas grises. El equipo de investigación del GEMM Lab conoce muy bien a la mayoría de los individuos que frecuentan esta zona, pueden recordar quién es quién, han apodado a muchos de ellos e inclusive recuerdan que estaba  haciendo esa ballena  días antes o incluso la temporada anterior.

” ¡Fue fascinante! En mi primer día embarcado, avistamos una ballena que tenía una mancha gris con forma de corazón muy distintiva en la parte inferior de su aleta caudal y en mi último día en el mar la volví a ver.  Apodé a esa ballena Pluto (Plutón) debido a la semejanza de esa marca en forma de corazón con el gran glaciar de nitrógeno presente en Pluton,  revelado en 2015  por la nave espacial New Horizons. Es difícil explicar la increíble sensación de conocer a animales salvajes y magníficos como estas ballenas y puedo imaginar la emoción que Leila, Leigh y los demás investigadores del GEMM Lab, experimentan cuando vuelven a encontrarse con ballenas conocidas de una temporada a la otra ¡Después de sus largas migraciones! De la misma manera que nos asombramos y alegramos al reencontrarnos nosotros con las ballenas que conocemos en Península Valdés.” Alejandro Fernández Ajo

Compartiendo Experiencias

Alejandro presentó al grupo del laboratorio las actividades del ICB y su plan de investigación, los resultados preliminares y metas a futuro, lo que llevó a una interacción muy interesante. Sin duda este tipo de experiencia, que fomenta la interacción con otros investigadores permite aprender sobre otros proyectos y enfoques para resolver y comprender los problemas de ecología de los mamíferos marinos y aplicar la ciencia a su conservación.

Los miembros del laboratorio del  GEMM Lab son la Leigh Torres, Investigadora principal, Dawn Barlow, estudiante doctoral que estudia la ecología de las ballenas azules en Nueva Zelanda; Dominique Kone, estudiante de Master que trabajando en un proyecto que analiza el potencial para reintroducir las nutrias marinas en la costa de Oregón mediante la identificación de hábitats adecuados y la investigación de sus posibles impactos ecológicos. Leila Lemos, estudiante doctoral al frente del proyecto de ballenas grises, la profesora Sharon Nieukirk, investigadora especialista en acústica, que está colaborando en la caracterización del entorno acústico de la costa de Oregón, Alexa Kownacki, estudiante de doctorado, dedicada al estudio de la salud de la población del delfín mular común en California y Todd Chandler asistente de investigación y capitán del “Rubí”.

Agradecimientos

 “ Quisiera agradecer especialmente a la Dra. Leigh Torres, a Leila Lemos y a los miembros del GEMM Lab por recibirme en el HMSC en Newport. A mis directores el Dr. C Loren Buck y la Dra. Kathleen Hunt por animarme a participar en este intercambio y RCN y NSF por patrocinar este intercambio de laboratorio, invito y cualquier interesado a sumarse a esta red de trabajo siguiendo este enlace al formulario de inscripción.”

Publicación en Revista Científica

El proyecto de investigación liderado por Alejandro Fernandez Ajo con las ballenas francas en Península Valdes fue recientemente publicado en un artículo en la revista científica Conservation Physiology. En esta publicación se validan los métodos que se están utilizando para la evaluación de hormonas de estrés a partir de barbas de ballenas halladas muertas y así poder reconstruir la historia fisiológica de los ballenatos y comprender cómo diferentes factores de estrés pueden afectar su salud y supervivencia.

Los glucocorticoides son hormonas cuyos niveles aumentan en respuesta a situaciones de estrés agudo o crónico. El investigador describe que en las ballenas, estas hormonas se depositan a lo largo de la vida en diferentes tejidos como las barbas, entre otros. Al presentar crecimiento continuo, las barbas mantienen un registro muy claro de los niveles de hormonas en el tiempo. En las crías, en particular, es posible analizar los perfiles hormonales de toda su corta vida, incluyendo parte de su gestación.”

© Instituto de Conservación de Ballenas. Se puede reproducir citando la fuente.

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