Las ballenas francas aprenden de sus madres las rutas migratorias y sus áreas de alimentación

En su migración anual, las ballenas francas regresan a una misma área de cría y por lo general regresan al sitio donde nacieron. Conocemos familias enteras en las que las madres regresan a Península a dar a luz y pasar los primeros meses de vida de los ballenatos. Además, nuestro equipo de científicos descubrió que las ballenas pertenecientes a una misma línea genética materna usan las mismas áreas de alimentación en el Atlántico sur, y que los ballenatos aprenden su ubicación de sus madres.

INVESTIGADOR PRINCIPAL

Dr. Luciano Valenzuela / bio

Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Biología (University of Utah). Investigador.

Las ballenas francas año tras año regresan a una misma área de cría, como por ejemplo Península Valdés en Argentina, y por lo general regresan al sitio donde nacieron. A este comportamiento se lo llama filopatría o fidelidad de sitio. Gracias a los estudios de foto identificación hemos aprendido que las ballenas francas tienen filopatría a las áreas de cría como Península Valdés o las costas de Santa Catarina en Brasil o a distintas bahías en Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia. Esto lo hemos aprendido al fotografiar ballenas como bebés y luego como juveniles o adultas regresando a Península Valdés. Es más, conocemos familias enteras que regresan a Península a dar a luz y pasar allí los primeros meses de vida de los ballenatos.

¿Cómo aprenden las ballenas francas sus rutas y destinos migratorios?

Este descubrimiento es sustentado por estudios genéticos tanto en Península Valdés como en las otras áreas de cría del hemisferio sur. Estos estudios genéticos se basan en estudiar una porción de ADN que solo se hereda de madre a cría (una porción del ADN mitocondrial). Si una madre tiene crías en Península Valdés y luego sus hijas dan a luz también en Península Valdés, y todas siguen regresando a esta región, a través del tiempo y tras muchas generaciones se establecerán diferencias genéticas entre las distintas áreas de cría. Es decir habrá líneas genéticas maternas que solo estarán presentes en Península Valdés y otras líneas maternas que estarán presentes en otras áreas de cría. Por tanto cuando nuestros investigadores realizan estudios genéticos, lo que ven es eso, que las distintas áreas de cría son genéticamente diferentes, producto de esta fidelidad de sitio que es maternalmente dirigida.

¿Las ballenas francas tienen fidelidad de sitio a las áreas de alimentación?

Esta es una pregunta que se debatió durante mucho tiempo. En el hemisferio norte, ballenas como las jorobadas presentan cierto grado de fidelidad hacia las áreas de alimentación. En estos casos, los investigadores de estos lugares tienen acceso a esas áreas y pueden hacer estudios de foto-identificación y de genética ya que quedan en lugares conocidos y relativamente cerca de las costas. En nuestro caso el problema principal es que en su gran mayoría se desconoce específicamente la ubicación de las áreas de alimentación de la ballena franca austral.

Entonces, ¿cómo podemos estudiar este comportamiento si no tenemos la posibilidad de ir a tomar fotografías y ver si los animales regresan a esos sitios año tras año?

Para resolver este problema los investigadores del Instituto de Conservación de Ballenas utilizamos una técnica indirecta que permite inferir dónde estaban alimentándose las ballenas antes de migrar a Península Valdés: el análisis de isótopos estables en muestras de piel de ballena.

Este análisis mide distintas formas de los elementos Carbono y Nitrógeno contenidas en las moléculas de la piel de los animales. Las concentraciones relativas de estas distintas formas, llamadas isótopos estables, varían en las diferentes regiones del océano, es decir hay distintas áreas isotópicas. Una ballena que se alimenta en aguas de la Antártida tendrá concentraciones de isótopos distintas a una ballena que lo hizo en las costas de Patagonia, en las islas Georgias del Sur o en la isla Tristan da Cunha en el medio del Océano Atlántico. Ahí entonces yace el poder de esta técnica, cuando medimos esos isótopos en la piel de una ballena podemos saber en que área se alimentó o al menos saber si dos ballenas se alimentaron en una misma área o dos áreas diferentes. Es como si al salir de un restaurante vos te llevaras grabado en tu piel el nombre o la dirección de ese restaurante.

Áreas isotópicas: Las concentraciones relativas varían en las diferentes regiones del océano

Una ballena que se alimenta en aguas de la Antártida tendrá concentraciones de isótopos distintas a una ballena que lo hizo en las costas de Patagonia, en las islas Georgias del Sur o en la isla Tristan da Cunha en el medio del Océano Atlántico.

Una técnica novedosa con resultados sorprendentes

Con esta información y utilizando las mismas muestras de piel obtenidas de individuos de Península Valdés, nuestro equipo realizó conjuntamente análisis de ADN mitocondrial y de isótopos estables. Esta combinación permitió examinar si las ballenas de una misma línea genética materna (abuelas, hijas, madres, etc) tenían valores de isótopos similares o diferentes, indicándonos si se habían alimentado en una misma región o en regiones diferentes.

Valores isotópicos muy similares.

Descubrimos que las ballenas pertenecientes a una misma línea genética materna tienden a tener valores isotópicos muy similares entre ellas, indicando que usan las mismas áreas de alimentación, y que estas serían varias y ubicadas en un amplio rango geográfico en el Atlántico sur. La diferencia genética entre distintas “áreas isotópicas” sugiere que hay diferencias genéticas entre áreas de alimentación similar a las diferencias entre áreas de cría antes mencionada.

Hijos e hijas aprenden de sus madres

Este estudio permitió realizar un hallazgo novedoso para muchas poblaciones de ballenas. Indica que los ballenatos aprenden la ubicación de las áreas de alimentación de sus madres, posiblemente durante su primera migración cuando dejan las aguas de Península Valdés, y que la escala de tiempo de la fidelidad del sitio culturalmente heredada es de al menos varias generaciones. Demostramos por primera vez que una especie de ballena presenta este patrón de comportamiento en el hemisferio sur. Tiempo después, investigadores de otros países repitieron estos análisis con las ballenas francas de Nueva Zelanda y Australia y confirmaron este comportamiento en esas poblaciones.

Esta fidelidad de sitio permite a las ballenas tener conocimiento y una predicción de lugares con condiciones propicias para su vida, ya sea para la reproducción o para la alimentación. Es decir esta transmisión cultural del comportamiento migratorio es de suma importancia para esta especie.

Este descubrimiento generó datos científicos muy relevantes para entender las necesidades ambientales de las ballenas, aportando información útil para que las estrategias de conservación sean más efectivas. A su vez, plantea nuevos interrogantes que debemos seguir investigando. Por ejemplo, estas tradiciones culturales fuertes entre ballenas de la misma línea materna, ¿pueden limitar la exploración de nuevas oportunidades de alimentación y adaptarse a condiciones ambientales cambiantes? ¿Por qué esta población experimenta más fallas reproductivas en años posteriores a temporadas con alta temperatura superficial del mar? En décadas pasadas, registramos variaciones importantes en la tasa reproductiva de las ballenas de Península Valdés luego de fuertes Oscilaciones de El Niño que aumentaron la temperatura del mar frente a las islas Georgia del Sur, el área de alimentación más rica conocida para ballenas en el Atlántico Sur.

Es necesario actualizar estos análisis con los datos más recientes para continuar monitoreando los efectos del cambio climático en las poblaciones de ballenas y otras especies marinas.

Quedan muchas incógnitas y debemos seguir estudiando las ballenas y su hábitat para poder entender los peligros que las amenazan y plantear las soluciones adecuadas.

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Dr. Luciano O. Valenzuela | Investigador.

Licenciado en Ciencias Biológicas (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Biología (University of Utah).

Soy voluntario miembro del equipo de investigación del ICB desde el año 2000. Trabajo actualmente como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con lugar de trabajo en la Subsede Quequén de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. También soy Profesor Asistente de Investigación de la University of Utah y docente asociado al posgrado de la Universidad de la República Uruguay. Me especialicé en el análisis de isótopos estables para estudios de ecología, nutrición y ciencias forenses. Mi experiencia incluye investigaciones científicas acerca de la dieta, relaciones genéticas y migración de la ballena franca austral. Además he trabajado en equipos interdisciplinarios en temas diversos como antropología biológica, trazabilidad de alimentos y nutrición infantil. Mis intereses científicos son amplios. En particular estoy interesado en migración animal y movimientos de personas a través del paisaje, así como también en nutrición y sus relaciones con la salud. Mi interés en migración animal se conecta directamente con mi interés en la conservación de grandes mamíferos y la protección de su hábitat. También estoy muy interesado en los cambios sufridos por los ecosistemas debido a la actividad humana. Particularmente, me interesan los cambios que la estructura trófica de los océanos ha sufrido como consecuencia de la cacería de ballenas y la remoción de otros predadores topes en las últimos siglos. Soy fundador y manager de isesecol-ar, un foro electrónico destinado a mejorar la comunicación entre los interesados en el uso de los isótopos estables en ecología en Sudamérica.

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