«Nada es más tranquilizador que sentarse en un acantilado en Península Valdés y a través del telescopio, entrar en las vidas de una ballena franca madre y su ballenato mientras se dejan llevar. La cría se desliza lentamente sobre la cola de su madre y ella lo mueve con cuidado. Estos lugares de paz deben ser protegidos.»
