El costo climático de convertir el Golfo San Matías en un centro exportador de hidrocarburos

El costo climático de convertir el Golfo San Matías en un centro exportador de hidrocarburos

El costo climático de convertir el Golfo San Matías en un centro exportador de hidrocarburos 1280 960 Belén Braga
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Por Belén Braga
Estudiante de la Licenciatura en Ecología de la Universidad de General Sarmiento (etapa de tesis), Buenos Aires, Argentina. Dedicada a la comunicación de proyectos vinculados a la conservación marina en el marco del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) y el Foro de Conservación de Mar Patagónico y Áreas de Influencia

Mientras el mundo intenta reducir su dependencia de los combustibles fósiles y transitar hacia una matriz energética más limpia, en el sur argentino avanzan proyectos que comprometen la salud de uno de los ecosistemas marinos más valiosos del planeta, hogar de las ballenas francas australes. En un contexto de crisis climática global, ¿cuál es el verdadero costo de industrializar un territorio clave para la biodiversidad y el equilibrio del clima?

Mientras el planeta se calienta, Argentina apuesta por más combustibles fósiles

En 2024, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus confirmó que la temperatura media global superó por primera vez el umbral de 1,5 °C respecto de los niveles preindustriales, un límite crítico que el Acuerdo de París buscaba evitar. Ese mismo año, la temperatura superficial del mar alcanzó un récord histórico de 20,87 °C, superando en 0,51 °C la media del período 1991–2020. Los impactos del cambio climático ya no son proyecciones: olas de calor, incendios forestales, aumento del nivel del mar y desplazamientos humanos masivos afectan hoy al 45 % de la población mundial que vive en zonas altamente vulnerables, según el IPCC.

Frente a este escenario, las recomendaciones científicas son claras: debemos reducir con urgencia las emisiones y alejarnos progresivamente de los combustibles fósiles.

Sin embargo, en el Golfo San Matías, la agenda energética avanza en dirección opuesta. El gobierno de Rió Negro aprobó la instalación de de dos unidades flotantes de licuefacción de gas natural, y otras cuatro fueron anunciadas aunque aún no cuentan con autorización. Junto a la terminal petrolera proyectada en Punta Colorada, estas infraestructuras podrían consolidar el mayor puerto exportador de hidrocarburos del país, en el corazón de uno de los ecosistemas más biodiversos y sensibles de la Argentina.

Mientras el mundo busca estrategias para reducir emisiones, en el sur argentino se proyecta una nueva puerta de salida de hidrocarburos, con todos los impactos que eso implica: mayor tráfico marítimo, contaminación acústica, riesgo de derrames y una presión creciente sobre un mar que ya muestra signos de saturación.

Las ballenas, aliadas del clima

Aunque suele ser reconocido por su belleza escénica, el Mar Patagónico —del que el Golfo San Matías forma parte— es mucho más que un paisaje admirable: constituye una red vital que enlaza océano, clima y biodiversidad. Cada año, más de 2.000 ballenas francas australes —pertenecientes a la población más numerosa del Atlántico sudoccidental— eligen las calmas aguas de los golfos San José, Nuevo y San Matías como áreas de cría, reproducción y alimentación. 

Declaradas Monumento Natural Nacional, las ballenas francas no solo sostienen la actividad turística de la región: son ingenieras ecológicas que dinamizan procesos fundamentales para el equilibrio del océano.

A través de sus heces, las ballenas aportan nutrientes fertilizando el océano. Foto: Nicolás Lewin, Instituto de Conservación de Ballenas.

A través de sus excreciones —ricas en hierro y nitrógeno— fertilizan las aguas marinas, movilizando nutrientes desde las profundidades hacia la superficie y entre regiones con distintos niveles de productividad. Este proceso estimula el crecimiento del fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina, que produce entre el 50 % y el 85 % del oxígeno del planeta y captura alrededor del 40 % del dióxido de carbono generado por la humanidad. Para dimensionar esta capacidad  equivale a 1,7 billones de árboles o cuatro bosques como el Amazonas.

Este mecanismo, conocido como bomba biológica de carbono, permite que parte del carbono quede secuestrado en las profundidades del océano durante siglos o incluso milenios. Según el investigador Alberto Piola, profesor del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la UBA, “el Mar Patagónico secuestra, en términos de balance anual, cuatro veces más CO₂ que el promedio del océano global” (NEXciencia, 2015). Su alta productividad biológica lo convierte en un actor clave en la regulación del clima planetario. Pero esta capacidad no está garantizada: depende de la salud del ecosistema y del buen funcionamiento de sus procesos biológicos.

Lo que está en juego: ballenas, ecosistemas y comunidades

Entender este entramado ecológico permite dimensionar qué está en juego cuando se promueve la industrialización del Golfo San Matías. Si las poblaciones de ballenas disminuyen, también lo hará la capacidad del océano para captar carbono, sostener la productividad marina y mantener hábitats saludables. Las ballenas impactan en cascada sobre la pesca artesanal, la biodiversidad y el equilibrio trófico del mar.

Pero su valor va mucho más allá del ecológico. Las ballenas forman parte de la identidad cultural y emocional de muchas comunidades costeras. En regiones donde la economía y la vida cotidiana están íntimamente ligadas al mar, poner en riesgo a estas especies no solo implica un empobrecimiento ambiental, sino también un retroceso en las oportunidades económicas sostenibles que hoy permiten imaginar un futuro diferente. Un futuro que no debería decidirse sin la participación ni el consentimiento de quienes habitan el territorio.

© Instituto de Conservación de Ballenas / Foro para la Conservación del Mar Patagónico. El costo climático de convertir el Golfo San Matías en un centro exportador de hidrocarburos. Se puede reproducir citando la fuente.


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